Gajes de los 40

Si bien te conté que celebré cumplir 40 más que cuando cumplí 15, también puedo contarte que el numerito viene con efectos secundarios.  Yo era #Team40 de cabeza.  Dar la vuelta a la esquina de los 39 me resultaba natural y atractivo.  Los miembros del Comité de Recibimiento tenían variedad de reseñas. “Ha comenzado a dolerme todo”, decía uno.  “40 is the new 30”, voceaba otra.  Uno hasta me dijo que su apetito sexual había aumentado significativamente.  #TMI, pero, bueno, el punto es que cada uno escoge cómo sentirse con su edad.  Yo estaba lista y los genes de mis padres y abuelos me favorecían.  Viví los primeros meses de mis 40 con la autoestima por las nubes, sobre todo, gracias a la cantidad de “nena, tú pareces de 30” (ish) que escuché.  Fui al #SúbeteAMiMotoTour y me encantó ver a mis contemporáneas sin mucho brilloteo en el Choli, cantando y bailando las canciones que esos ahora cincuentones nos enseñaron de chiquitas. 

Todo iba maravilloso hasta que me descubrí teniendo que ponerme los espejuelos en la punta de la nariz para poder leer en mi celular.  Meses más tarde, me hice el examen de la vista y, luego de muchos “mejor aquí o acá” y otros “más claro éste o éste”, la optómetra pronunció las dos palabras que ninguna mujer está lista para escuchar: “necesitas BI-FO-CA-LES”.  Juraría que me lo gritó en cámara lenta porque yo lo escuché en mi cabeza así, sílaba por sílaba.  Sé que no es el fin del mundo, pero desde los seis años uso espejuelos y, por mis condiciones y mi alta receta, nunca han sido aptos para salir en público.  Por lo tanto, añadirles bifocales me da otra razón para no hacerlo.  Cabe mencionar, que el técnico fue bastante enfático en las diferencias al usarlos y estoy esperándolos con menos ansias que a la factura de la electricidad.  Dos días después, fui a hacerme mi primera mamografía.  Lo que tengo que reportar al respecto se resume de la siguiente manera.  (Divulgación: Sé cuán importante es la prevención y mis siguientes comentarios son sólo con fines de entretenimiento.) 

  1. Mis senos siempre han pertenecido al Cuadro de Honor: todas A.  Apretarlos con un artefacto por todos lados es una sensación muy particular cuando no hay mucho para apretar.  ¡Esa máquina es inmisericorde!
  2. La idea de que una mujer toque mis senos y siga hablándome como nos hubiéramos juntado para un café no hace la experiencia más placentera. 
  3. Si lo sumo a la lista de procedimientos invasivos a los que nos sometemos las mujeres, no quiero escuchar a ningún hombre quejándose de exámenes urológicos.

Ni modo, son gajes de los 40… Una buena edad para tomar las cosas con un poco de humor, vivirse cada etapa y reconocer que nadie llega a viejo sin que algo le duela, sin tener que hacer cosas que no quiera y sin aprender a reírse de sí mismo.  😉

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