El Cabo Rojo que es mío

Mencioné que soy natural de Cabo Rojo, un pueblito al suroeste de la Isla que la mayoría de los boricuas conocen únicamente por sus playas.  Y, sí, mi pueblo tiene hermosas playas y varios atractivos turísticos, como el Faro de los Morrillos, las Salinas, el Poblado de Boquerón (que es parte de Cabo Rojo, aunque tiene su propio código postal) y los múltiples restaurantes en el área de Joyuda; pero el Cabo Rojo del que yo vengo es más que eso.  Aquí vive mi familia y, desde que me fui en el 1997, he mantenido la costumbre de volver periódicamente y celebrar acá las fechas especiales.  Cuando digo eso, temo que los capitalinos me visualizan frente al mar.  Y suena divino, pero quiero resumirte lo que hago en mi lugar de crianza en #500PalabrasOMenos.      

El viaje de aproximadamente 2.5 horas desde San Juan conduce directamente a la casa de mi madre, que no queda en el campo ni cerca de las playas.  Es la misma casa a la que me trajeron al nacer, en la que me rajé la barbilla y donde festejaba los cumpleaños de mis muñecas.  Mi cuarto sigue siendo mi cuarto.  En mis gavetas aún encuentras llaveros de Menudo y mi clóset está lleno de fotos y recuerdos que, a veces, paso horas mirando.  Una buena mañana en mi pueblo comienza brindando con café hecho por mami y servido en una tacita de Minnie Mouse que tiene mil años.  Ella en su butaca y yo en el sofá, pasamos largos ratos poniéndonos al día o elaborando los cuentos que ya nos hicimos por teléfono.  La llegada de mis tres sobrinos asegura el entretenimiento del día.  Junto a mi hijo, los cuatro fantásticos de la familia hacen de las suyas desde la mesa del comedor hasta el patio.  Con decirte que la primera vez que mi chiquito vino sin mí aprendió a treparse en el techo de la casa, puedo darte una idea de lo que son capaces… pero creo que volverse loca con ellos es parte esencial de amarlos.  Si de gente se trata, puedo sumar a la visita un reencuentro con viejas amistades.  Para comer, nada mejor que el pollito guisado o el biftec encebollado de mi mamá y esporádicamente me sorprende complaciendo mis antojos de panas o salmorejo.  Como la casa de mi mamá es sólo para mí, te comparto algunos sitios que disfruto:

  • Hacienda Perichi: ambiente liviano, cervezas frías y los mejores burgers y costillas del área
  • Marty’s Kitchen: mariscos frescos y un mofongo con camarones de la laguna que me hace salivar
  • Los limbers de t*tita de la Plaza, las empanadillas de El Ancla
  • La vista del Faro, Playa Buyé

Regresar a casa, sentir el inmenso amor de mi madre es y será siempre lo mejor de este pueblo.  Cabo Rojo, para mí, no es jangueo y mariscos.  El Cabo Rojo que es mío es energía y hogar.    

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