Tecnología vs. experiencia

Existe una línea fina entre las ventajas y desventajas de los avances tecnológicos.  Es posible que, si eres mucho menor que yo, no lo veas de esa manera, pero sucesos recientes me han puesto a pensar en esto.  Hecho: los avances tecnológicos nos facilitan muchas cosas.  Sin embargo, también han traído una ola de impersonalidad en procesos cotidianos en los que, al menos yo, prefiero el contacto con un humano.  Para darte el ejemplo más reciente, durante la crisis que estamos viviendo, uno de los artefactos del que más dependemos es el celular.  Al fallar la electricidad, nos ocupa cómo recargarlo para poder acceder a nuestros contactos, a todas las fuentes de información imaginables y, por supuesto, a las redes sociales.  Mientras respeto los procesos de cada persona, me pregunto cuánto tiempo dedicamos a leer -y compartir- noticias que no siempre son ciertas, publicar que tembló nuevamente o actualizar nuestro estatus con un rezo.  Y, sí, probablemente ese sea el canal de preferencia para soltar inquietudes y sentimientos, pero ¿dónde queda la gente a nuestro alrededor?  ¿Por qué no desahogarnos con ellos u orar juntos?  ¿Qué me dices de los que se creen todo lo que leen?  ¿Quién puede darle calma a un anciano que leyó o escuchó alguna barbaridad?  ¿Cómo controlamos el pánico al que los menores están expuestos? 

En temas menos intensos, hace poco busqué información para estudiar el posgrado en una universidad.  Como es de esperarse, encontré bastante en la página web y logré buena interacción con el departamento de Admisiones a través del correo electrónico.  Entonces, recibí un email exhortándome a realizar mi matrícula online.  ¡Espérate!  Reconozco que esto puede ser algo generacional, pero ¿aún no he escuchado una sola voz y ya quieren que me matricule?  ¿Alguien puede darme foro para aclarar dudas?  ¿Cómo se supone que compre la idea sin que alguien me la venda?  No me malinterpretes, el e-commerce funciona de maravilla para artículos y servicios (algunos), pero estamos hablando de educación, o sea, de mi futuro.  Afortunadamente, pedí una cita, me atendieron y contestaron todas mis preguntas con amabilidad.  La historia con la oficina de Desempleo ha sido distinta.  Sin adentrarme en la opinión general sobre la eficiencia del Gobierno, pareciera que el protocolo fomenta la vagancia más que la proactividad.  La oficina regional se limita a comunicar lo mínimo y en las líneas telefónicas de apoyo he roto récords de 80 minutos en espera sin respuesta de un humano.       

Mientras que puede resultar práctico no tener que visitar una oficina, la realidad es que una máquina no puede proveer el mismo nivel de expertise que un empleado bien capacitado.  Para un patrono puede ser productivo filtrar solicitudes de empleo con los algoritmos de una plataforma digital, pero perder el contacto humano implica perder el feedback inmediato que puede ayudarnos a mejorar.  Negocio es negocio, pero creo que, al momento de optimizar una operación, no debe perderse de perspectiva la experiencia provista a todos los públicos.  ¿Qué opinas?     

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