La vida me ha dado limones.

La vida me ha dado limones sin considerar que no me gusta la limonada.  ¿Qué hago?  Aunque pedir tequila y sal suena bien, buscar yerbabuena, azúcar, soda y ron blanco suena mejor. 😊 No, no me he vuelto loca ni estoy incursionando en la mixología. sólo quiero demostrarte que puede haber más de una opción.

El día que el universo gritó “¡PAUSA!”, yo pausé… abruptamente.  Cogí el puño y me senté en las gradas hasta recuperar el aliento.  Respondí “no sé” a todos los que se acercaron a preguntar qué iba hacer entonces, y presté mucha atención a los que se sentaron a mi lado a escucharme para luego aconsejarme.  Una voz llena de amor me dijo: “quizás sea el momento de empezar lo que has querido hacer por tantos años”.  Esas palabras hicieron eco en mi mente y me llevaron a explorar las posibilidades.  Al cabo de un par de semanas, le envié una foto de mi nueva tarjeta de estudiante a mi madre, cuya sabiduría me inspiró a matricularme para comenzar la maestría (que había postergado desde el momento en que el “POSITIVE” en la prueba de embarazo cambió mi vida).  Ella respondió mi mensaje con un sólido “¡Tú puedes!”, el mismo que llevé de amuleto hace unos días cuando regresé a mi Alma Mater para tomar mi primera clase.  El campus aviva recuerdos de mis años de bachillerato, de tal clase en tal salón, de mis profesores, de cruzarme con compañeros en el patio, de los amigos que hicieron de ese tiempo uno memorable y hasta de los besos en aquel banco.  No todo es igual e, incuestionablemente, yo no soy la misma, pero la familiaridad de esas veredas y pasillos suma confianza a mi decisión. 

Volver a la universidad después de 18 años es un reto que va desde lo sicológico hasta lo tecnológico.  Caminar entre chamaquitos y acceder a una plataforma digital para una sesión por vídeo conferencia son dos de las tantas cosas a las que tengo que acostumbrarme.  Mas, esa sensación de que estoy en camino hacia una importantísima meta, ha activado mis endorfinas más que 90 minutos en el gimnasio.  Así que, mi enero culminó con optimismo, con gente que suma y con dos asignaciones para entrar antes del lunes a las 11:55 p.m.  ¡Ah!  Y, por si acaso, no he abandonado la búsqueda empleo.  Ahora cuento con el respaldo de excelentes asesoras en carreras que la universidad tiene a mi disposición.  Esta pausa ha sido, sin duda, un blessing in disguise.  No obstante, tengo que reconocer que mi búsqueda, aunque incesante, no es desesperada.  Esta vez no persigo una fuente de ingreso, sino una experiencia que verdaderamente me satisfaga tanto en lo profesional como en lo personal.  Después de todo, el tequila se bebe de un golpe y sin pensarlo, pero un mojito bien hecho es súper refrescante y dura más.  😉 

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