Livin’ la vida en Zoom

Entre todos los cambios que ha traído la nueva norma, uno de los más notorios es la vídeo llamada.  Si tienes suerte, tu teléfono ahora suena -con mayor frecuencia- con la cámara encendida.  Algunos tratamos de acomodarnos las greñas antes de aceptar la ansiada interacción con alguien que no está bajo el mismo techo, mientras que otros parecen vivir camera ready.  Lo cierto es que, cuando esas interacciones forman parte de tu covidianidad, hay espacio para desarrollar una relación amor/odio con cualquier plataforma que las facilite.

Zoom, por ejemplo, es actualmente la herramienta más popular para celebrar reuniones profesionales, sociales, académicas y de desarrollo.  El confinamiento no permite reuniones presenciales y aparenta ser que las llamadas en conferencia ya no son suficiente.  En mi caso, el día comienza mirando la agenda para validar si tengo o no reuniones [por Zoom] calendarizadas y, si las tengo, saber con quién o quiénes dicta los próximos pasos.  Mi política es que, si no hay reunión, no hay brasier.  Dado que trabajo desde un rinconcito en mi mesa del micro comedor, disfruto del aire a condición de que entre por las ventanas o sople del abanico.  Esto significa que no me verás en manga larga hasta nuevo aviso.  Entonces, si la reunión es con mi supervisora o mis compañeras, me pongo una camisa de mangas cortas, prescindo del maquillaje y de los lentes de contacto por pura pereza de ponérmelos.  En este punto, y a apenas tres meses en mi nuevo empleo, todas nos hemos visto sin filtro y esa etiqueta es aceptada en nuestro pequeño círculo.  Sin embargo, si la reunión es con terceros, opto por una blusa más decente, uso sólo seis de los 874 productos con que uno se maquilla hoy día, me pongo los lentes y hago un esfuerzo por que el cabello luzca decente.  Claro está, está mini producción aplica estrictamente de la cintura hacia arriba, donde la cámara alcanza.  De la cintura hacia abajo, ahora vivo en cortos y chancletas y la verdad es que la imagen completa en el espejo es un chiste.

Además del trabajo, estudio mi maestría en Zoom.  ¡Aquí se ve de todo!  Hay personas más desaliñadas que uno, los que quieren hacer la clase acostados, perros en la falda, gatos frente al monitor, juguitos de adulto en cámara, parejas y niños caminando detrás, fondos virtuales cuestionables y el interminable problema del audio y la pobre conexión.  ¿Has visto algún vídeo viral de papelones en Zoom?  Pues, nadie está exento.  Finalmente, los encuentros sociales admiten otro tipo de dinámicas, unas menos exitosas que otras.  Un happy hour en Zoom es divertidísimo, pero recomiendo limitar la cantidad de participantes.  Contrario a los encuentros en persona, aquí no puedes cambiar de grupo si un tema no te gusta y todos quieren hablar a la vez.  Pero mi cumpleaños así fue divino y reconozco que, dentro de todo lo que estamos viviendo, hay cosas peores que estar livin’ la vida en Zoom.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s