Aciertos de un año atípico

Se acerca la despedida de año y comienzo a ver publicaciones, memes y hasta reportajes noticiosos de los acontecimientos de este inolvidable 2020, que muchos parecen querer botar como pañal sucio. Yo me levanté pensando en el aprendizaje, en lo que me llevo de los pasados 365 días y a sabiendas que aún falta el #366. Leí hace unos meses algo que decía que eso de que todos “estamos en el mismo barco” no es cierto. Sí, todos atravesamos la misma marea turbia, tormentosa y a oscuras, pero creo que quien lo dijo tenía razón en que las “condiciones en que navegamos” son muy distintas entre unos y otros. Mientras extiendo mi solidaridad a aquellos que han enfrentado dificultades serias en los pasados 12 meses, reconozco que en los míos ha habido muchos aciertos y quiero enumerarlos a modo de agradecimiento.

  • Enero – Comencé la maestría que había querido estudiar por años. El primer día de clases recibí una orientación de una asesora en carreras de la universidad que me ayudó a sanar las cicatrices de mi recién pérdida de empleo. Fui referida al puesto que ocupo desde marzo.
  • Febrero – Recibí la visita de una de mis personas favoritas y pasé un fin de semana espectacular en su compañía. La magia crece cuando las personas importantes en tu vida se conocen y se juntan. También, realicé labor voluntaria para una causa muy especial.
  • Marzo – Celebré un reconocimiento que le hicieron a mi hermano en compañía de mi familia. Regresé a mi alma mater en calidad de empleada y conocí dos personas que han sido claves en este año.
  • Abril – Reconecté e intercambié muchas risas con amigos de la infancia/adolescencia. Los que pasaron la prueba del colador han sumado mucho a mi vida.
  • Mayo – Cumplí los 41 rodeada de amor. La pionera de las sorpresas ese wikén, que también era el de las Madres, fue mami y creo que ese mes institucionalizamos nuestros cafés virtuales.
  • Junio – Hice el cuarto de varios nuevos amigos. Éste se validó protegiéndome de mí misma. (Tan reciente como ayer me llamó y nos reímos un buen rato.)
  • Julio – Volví a abrazar a mi madre luego de cuatro meses. Completé el segundo trimestre académico con un elogio especial en una de las clases que más me ha retado.
  • Agosto – Vi felicidad en el rostro de mi hijo al reencontrarse virtualmente con sus pares al inicio del nuevo año escolar.
  • Septiembre – Sorprendí al unigénito el wikén de su cumpleaños con la ayuda de un amigo incomparable.
  • Octubre – Alcancé una nueva y necesaria etapa en mi proceso de duelo.
  • Noviembre – Me tomé una mimosa con la óptima y di gracias por más cosas de las que puedo enumerar aquí.
  • Diciembre – Le canté cumpleaños a mi persona. Tuve a mi familia completa alrededor del árbol.

Sucesos simples pueden hacer una gran diferencia. (Omití algunos por honrar las #500PalabrasOMenos.) Te invito a balancear lo bueno y lo malo, a crear tu lista… a soltar el aire.

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