De mis manos y mi bota

Me ha costado retomar la escritura para mi blog. Si bien disfruto de compartir mis pensamientos e historias, me doy cuenta de que últimamente he dejado que muchas líneas escapen de mi cabeza. Terminé la maestría el 21 de abril y, justo cuando me disponía a celebrarlo contigo, los noticiarios se vistieron de un color que nos llenó a muchos de dolor, impotencia y terror. Yo, que ya andaba melancólica por varias razones, estuve días con la cabeza llena de preguntas y el alma pesada. Entonces pensé “no, así no puedo escribir”. Me refugié en el cansancio físico y mental que el año académico provocó y en las nuevas dolamas de mis ‘tidós para apartarme del teclado fuera de horario laborable y, sin avisarte, me tomé otra pausa. Hoy, quizás por el aire que traen mis días 29, desperté con ganas de empezar a ponerte al día, pero dejaré el 4 de 4 para otra ocasión porque eso merece sus propias #500PalabrasOMenos.

Comienzo por contarte que tengo artritis. Sí, la que muchos dicen que aún parece de veintipico o treintipico, anda con las manos dando candela desde agosto. Al principio, se pensaba que pudiera ser el famoso túnel carpiano, pues la postura del trabajo remoto en mi rinconcito improvisado no conoce de ergonomía. Pero ni los cinco meses de pruebas ni la inversión sustanciosa ni la búsqueda de segundas y terceras opiniones pudieron escapar la genética. Cada nuevo dolor trae recuerdos de mi abuela, que tantas veces ayudé en lo más básico porque sus manos no le permitían ciertos movimientos, y -sin alusión de culpa alguna- me asusto pensando hasta cuándo podré contar con las mías. El asunto de lucir más joven de lo que soy suena a pintura y capota cuando mi cuerpo grita mi edad y empieza a pasar factura por el mucho fondillo que le doy a una silla, en lugar de mover el esqueleto por mi propio bien. Así que, de regalo de cumpleaños, invertí en mi salud.

Me comprometí a tratamiento quiropráctico para contrarrestar la degeneración fase dos en mi cuello y espalda baja. Aunque la mensualidad es casi automovilística, el progreso ha comenzado a sentirse. También, fui al podiatra a atenderme un malestarcito que resultó siendo el resultado del año y medio en chancletas luego de 17 trepada en tacos. Cuento largo corto, ahora duermo con una bota en el pie izquierdo que se siente como una alarma en mi cerebro con cada vuelta que doy en la cama. El punto es que tengo que cuidarme y que una de las cosas más importantes por atender es mi salud mental. No puedo controlar lo que pasa a mi alrededor, pero sí necesito aprender a escoger cómo manejarlo. Si a ti te pasa algo similar, recuerda que los estresores que nos afectan son innumerables. Protege tu paz mental y priorízate por encima de los problemas y las responsabilidades. Si de algo te sirve, yo estaré acompañándote en esa lucha.

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