Tres completados, cojámonos un break

Hoy es el primer domingo en que, luego de 12 intensas semanas, no tengo asignaciones pendientes de alguna de mis clases de maestría… ¡porque terminé el trimestre hace cuatro días! El 3 de 4 combinaba dos temas densos, instruidos por dos profesores con estilos de cátedra muy distintos. Para la primera reunión de la Clase 1, el profesor agrupó las dos secciones simultáneamente. Me agradó ver caras que no veía desde el 1 de 4, pero más me gustó que el profesor contestara ¨no¨ cuando le pregunté si en el curso tendríamos trabajos grupales. No corrí la misma suerte en la Clase 2, aunque la profesora de esta clase era repetida y bien recibida.
La aventura comenzó al ver la división de grupos. En esta ocasión no podíamos escoger y tampoco tocaba un mismo grupo durante todo el término. Así que, la distribución generada por el sistema era, literalmente, una lotería. Mientras que personas con las que ansiaba colaborar no estaban en mi mezcla, algunos botones cuyas primeras muestras me bastaban, sí. La idea de ¨mejor malo conocido que bueno por conocer¨ fue desafiada continuamente y, aunque hubo hermosas sorpresas, también hubo retos impredecibles. Claramente, no todo el mundo va al mismo ritmo, pero creo que las expectativas de responsabilidad y compromiso a nivel posgraduado deben estar relativamente altas. La variada gama de anécdotas, tanto mías como de mis aliados más cercanos, ayudaron a pintar un cuadro de futuros colegas con los que valdría el esfuerzo trabajar y otro de quienes querría huir si así fuera. A pesar de esto y de retos nuevos, como la sensación de camisa de fuerza y el auto cuestionamiento provocado por las estrictas y precisas instrucciones de las tareas de la Clase 1, completar el tercer trimestre viene con grandes satisfacciones.
Además del conocimiento de nuevas destrezas y el fortalecimiento de las no tan nuevas, la mayor satisfacción es quizás la maravillosa camaradería que viví con algunas personas que no han hecho más que sumar a la experiencia desde que cruzamos caminos. Si bien la separación de los grupos tuvo sus contras, también trajo unos pros extraordinarios. La lista de los selfies que necesito el día de la graduación va en aumento y viene con una admiración genuina a los portadores de los nombres en ella. También, hay una reincidencia de lo más chula en los nombres que menciono mucho desde otros trimestres. A algunos los contemplo desde cierta distancia y disfruto verlos crecer y ampliar sus redes. A otros no los suelto ni en las cuestas; tanto que, cuando una compañera habló de que ¨no nos conocemos¨ por el factor de la virtualidad, yo felizmente diferí. Y es que hay complicidades tan sinceras que la falta de presencialidad no les resta. Ellos, los que son, siempre están. Nuestros desahogos, consultas, chistes internos y solidaridad son aportaciones que agradezco profundamente y que tengo en reserva para el 4 de 4 que juntos emprenderemos en enero. Ahora, cojámonos un break.

Dos completados… vamos pa’l tercero

Hoy comienza el tercer trimestre de mis estudios de maestría y tengo que confesar que, después de un par de wikenes de no tener que hacer tareas, me pesa un poco la idea de volver a la carga. El 2 de 4 fue intenso. Entre mis compañeros he comentado que fue como ir de Kínder, donde duermes la siesta, a noveno grado, donde la maestra te pide hallar el valor de X. #Yisus En la primera ronda de asignaciones, invertí sobre 17 horas de mi semana en una sola clase. En la otra, casi creamos un grupo de apoyo para descifrar códigos, tecnicismos y todo un nuevo estilo de cátedra. Si en el primer trimestre dije que no era fácil volver a estudiar después de 18 años, es posible que haya hablado muy temprano. Sin embargo, la madurez me permite enfrentar los retos de una manera distinta, aunque no siempre es la más efectiva.

De la incertidumbre, se formaron nuevos lazos y algunos no tan nuevos se estrecharon aún más. Hasta las nenas que cayeron en la otra sección se reportaron esporádicamente y la rubia del “Uno completado, tres pendientes” fue mis ojos y oídos en más ocasiones de las que haya podido contar.  Mi paciencia fue puesta a prueba, mi empuje también. Un trabajo grupal afloró lo mejor de los que saben dar lo mejor de sí y lo correspondiente de los que no. Mas, como me dijo una profesora, de esos hay en todas partes y es importante ser justa y reconocer que no todos tenemos las mismas habilidades… ni actitudes. Pero, en esos momentos de grandes pruebas, la lista de los que quiero en mis fotos de graduación se solidificó y hasta creció. Cada trimestre me he conducido bajo la premisa de No man left behind y, en esta ocasión, creo que recogí los frutos de esa siembra. Yo no sé si ellos son amigos por una razón, por una temporada o para toda una vida, pero estoy sumamente agradecida de contar con los mejores compañeros y futuros colegas existentes. La verdad es que nadie logra grandes cosas completamente solo y yo los quiero y los necesito para el desfile al son de la Marcha Aida en el verano del 2021.

En el trayecto, todos cogimos el ritmo y los resultados del esfuerzo sobrepasan cualquier expectativa. Así que, para el 3 de 4, de mi parte, no tengo muchas. Preveo conectarme en un ratito con la misma sonrisa de siempre y llevar el peso un día a la vez. Ya sé qué ajustes hacer en mi rutina para cumplir con todas mis responsabilidades y, aunque seguimos sumando estresores a la covidianidad que nos obliga a vivir todas nuestras facetas bajo el mismo techo, no pienso perder la meta de vista. A los que emprenden esta segunda mitad de la jornada conmigo, ¡vamo’ a hacerlo! A ti, que no te decides a alcanzar lo que anhelas, escucha tu corazón y sigue hacia adelante.

Uno completado, tres pendientes

Recientemente, terminé mi primer trimestre de maestría.  La anticipada conclusión del 1 de 4 fue antecedida por varios fines de semanas en que no pude despegarme de la computadora por la complejidad y longitud de los trabajos finales.  Mas, las largas horas y el resentimiento en mi espalda no opacan la inmensa satisfacción.  Y es que, además de que fueran los primeros cursos después de 18 años sin pisar un salón de clases, los resultados vinieron acompañados de hermosos comentarios por parte de mis profesoras.  Como niña pequeña, hice el equivalente de correr donde mi madre a enseñarle mi reporte de progreso académico, enviándole fotos de las calificaciones y los elogios. 

La mezcla de emociones fue divina: felicidad, asombro, melancolía, determinación.  Reviví por un instante ese día de diciembre en que, siguiendo el más sabio consejo, regresé a mi alma mater para retomar mis estudios.  No podía anticipar, entonces, la sensación indescriptible que viví cuando hace un par de semanas me tocó presentar un portafolio profesional en una de mis clases a distancia y aquel compañero del que te hablé en “Lazos e hilos rojos” me escribió un mensaje lleno de orgullo.  Noté algo muy similar en la mirada de mi profesora, aunque puede haber sido un efecto del monitor. 😉 En mis ojos admití reciprocidad de conmoción cuando él y otros futuros colegas presentaron sus respectivos proyectos.  Fue un momento memorable que hubiera querido inmortalizar en una foto o sellar con un abrazo, pero la vida en Zoom no deja espacio para eso.  No obstante, mi memoria de elefanta guarda un recuerdo imborrable de la expresión de “¡lo logramos!” en los rostros de mis compañeros.  ¡Qué lindo es ver a alguien recoger el fruto de su esfuerzo! 

Días más tarde, tocaba matricularnos en los cursos del próximo término.  Algunos habíamos acordado avisarnos en la medida en que completáramos el proceso para procurar coincidir.  Entré tempranito al sistema y emití las notificaciones correspondientes, pero desconocía que los espacios limitados se llenarían tan rápido y dejarían fuera a varios de los que contemplaba para el de 2 de 4.  Si alguien me hubiera dicho en diciembre que esta transacción separatista me provocaría nostalgia, hubiera respondido con algún comentario individualista y prepotente.  Sin embargo, eso fue justo lo que sentí cuando al día siguiente vi que la mayoría del grupo había quedado en secciones distintas a las mías.  Agraciadamente, conservé mi sistema de apoyo inmediato, pero la rubia con quien intercambio frustraciones y carcajadas y otras personas especiales que forman parte de mi red van a hacerme mucha falta.  No me queda otra que dejar la puerta abierta a nuevas caras y experiencias, y enviarles toda la buena vibra a los que quiero en mis fotos de graduación el próximo año.  Aunque comencé esta maestría pensando que tendría que valerme por mí misma y defenderme sola, hoy me sorprendo gozando de la solidaridad y el cariño de gente que puedo ver en mi vida -quizás- por mucho tiempo.  ¡Enhorabuena!