Uno completado, tres pendientes

Recientemente, terminé mi primer trimestre de maestría.  La anticipada conclusión del 1 de 4 fue antecedida por varios fines de semanas en que no pude despegarme de la computadora por la complejidad y longitud de los trabajos finales.  Mas, las largas horas y el resentimiento en mi espalda no opacan la inmensa satisfacción.  Y es que, además de que fueran los primeros cursos después de 18 años sin pisar un salón de clases, los resultados vinieron acompañados de hermosos comentarios por parte de mis profesoras.  Como niña pequeña, hice el equivalente de correr donde mi madre a enseñarle mi reporte de progreso académico, enviándole fotos de las calificaciones y los elogios. 

La mezcla de emociones fue divina: felicidad, asombro, melancolía, determinación.  Reviví por un instante ese día de diciembre en que, siguiendo el más sabio consejo, regresé a mi alma mater para retomar mis estudios.  No podía anticipar, entonces, la sensación indescriptible que viví cuando hace un par de semanas me tocó presentar un portafolio profesional en una de mis clases a distancia y aquel compañero del que te hablé en “Lazos e hilos rojos” me escribió un mensaje lleno de orgullo.  Noté algo muy similar en la mirada de mi profesora, aunque puede haber sido un efecto del monitor. 😉 En mis ojos admití reciprocidad de conmoción cuando él y otros futuros colegas presentaron sus respectivos proyectos.  Fue un momento memorable que hubiera querido inmortalizar en una foto o sellar con un abrazo, pero la vida en Zoom no deja espacio para eso.  No obstante, mi memoria de elefanta guarda un recuerdo imborrable de la expresión de “¡lo logramos!” en los rostros de mis compañeros.  ¡Qué lindo es ver a alguien recoger el fruto de su esfuerzo! 

Días más tarde, tocaba matricularnos en los cursos del próximo término.  Algunos habíamos acordado avisarnos en la medida en que completáramos el proceso para procurar coincidir.  Entré tempranito al sistema y emití las notificaciones correspondientes, pero desconocía que los espacios limitados se llenarían tan rápido y dejarían fuera a varios de los que contemplaba para el de 2 de 4.  Si alguien me hubiera dicho en diciembre que esta transacción separatista me provocaría nostalgia, hubiera respondido con algún comentario individualista y prepotente.  Sin embargo, eso fue justo lo que sentí cuando al día siguiente vi que la mayoría del grupo había quedado en secciones distintas a las mías.  Agraciadamente, conservé mi sistema de apoyo inmediato, pero la rubia con quien intercambio frustraciones y carcajadas y otras personas especiales que forman parte de mi red van a hacerme mucha falta.  No me queda otra que dejar la puerta abierta a nuevas caras y experiencias, y enviarles toda la buena vibra a los que quiero en mis fotos de graduación el próximo año.  Aunque comencé esta maestría pensando que tendría que valerme por mí misma y defenderme sola, hoy me sorprendo gozando de la solidaridad y el cariño de gente que puedo ver en mi vida -quizás- por mucho tiempo.  ¡Enhorabuena!